Entrevista

Ruben Miranda, el eterno vestuarista

Ruben Miranda

Ha realizado miles de notas pero no recuerdo haber escuchado, visto o leído una que se le haya hecho a él, un testigo privilegiado de los que pasa en “la cocina” de las canchas. Hoy es el día para conocer a un buscavidas que ha hecho de todo y al que –entre otras cosas- se le atribuye algún “milagro”.

Nació un 4 de mayo de 1946 como Rubén Daniel Miranda Visconti, desde aquel día han pasado más de 72 años y cientos de vivencias dignas de contar.

“Ruben de los milagros” o “Chupete Miranda” es hijo del duraznense Pascual Doroteo Miranda y de Blanca Esther Visconti, criada en el barrio Colón de San José de Mayo, quienes se casaron y formaron su hogar en una vivienda de la calle Florida -hoy Frugoni- entre Batlle y Ordoñez y Asamblea.

Ruben recuerda con nostalgia que ya no están los ranchos, pero acota que ahora en otras estructuras aún queda gente con el apellido Miranda viviendo en el lugar donde pasó su niñez y juventud, hasta que un día conoció a Teresita Perazza, se enamoraron, casaron y tuvieron tres hijos: Víctor, Paola -que le ha dado dos nietos- y Alejandro.

  • Universal y Peñarol

Por haberse criada en la zona “del Berral” naturalmente se hizo hincha de Universal, por lo que desde niño junto a sus compañeros de la escuela Artigas iba al Pedro Chanquet para ver a la albiverde.

Al hablar de aquellos tiempos recuerda que Herminia, una de sus hermanas mayores junto con otras seis o siete jovencitas del barrio solían vestirse con un buzo blanco y pollera verde (colores de Universal) e ir alentar al plantel cada vez que oficiaba de locatario.

A este frenteamplista, creyente en Dios y amante del vino, es casi imposible verlo frente a un televisor si no se está emitiendo ningún partido de fútbol. Por lo general cuando mira el artefacto es porque el carbonero está jugando.

Su amor por la amarillo y negro se fue afianzando cuando de niño su hermano Humberto lo llevaba en el tren hasta Estación Central, donde bajaban y comenzaban a “cortar” camino por diferentes calles hasta llegar a 18 de Julio, por la avenida principal de la Montevideo, mientras miraban alguna vidriera, llegaban hasta el Parque Batlle y lo atravesaban para quedar en los ingresos al estadio Centenario. Cuando había algún pesito en el bolsillo se comía algún “Choripan”, sino una torta frita sería la encargada de engañar al estómago hasta la llegada al hogar en San José de Mayo.

  • El último lustrador de zapatos

Ruben inició su vida laboral a los 11 años de edad y fue como lustrador de zapatos en el Salón Plaza, que estaba ubicado en calle 25 de Mayo frente a la plaza de los Treinta y Tres Orientales. Ahí estuvo hasta que cumplió 14 años. Para ese entonces era el único lustrador de zapatos que aún trabajaba en la capital josefina.

  • Un buscavidas

No han sido pocas las profesiones en las que se ha desempeñado Ruben para subsistir y llevar el pan a la mesa; con 14 años pasó de lustrar zapatos a trabajar en la zapatería de don Pedro Viña, que se encontraba en la esquina de las calles Artigas y Ciganda. Con 15 años de edad y aun trabajando en el taller de Viña creó la orquesta “La Bachiller Star”, donde él tocaba las tumbadoras, instrumento que le pedía prestado a los colegas de “Los Nueve Santos” hasta que pudo comprar las suyas en un local de Santa Lucía. El proyecto musical se extendió hasta que cumplió 30 años. Ruben recuerda que la orquesta le pagó el casamiento, ya que sus compañeros decidieron que lo recaudado en los bailes de todo el mes en que se celebró la boda serían destinados a cubrir los gastos de la ceremonia religiosa y fiesta.

Después de varios años en el taller de reparación de calzado pasó a trabajar en la Distribuidora San José donde permaneció 15 años y de ahí se fue a Migranja donde estuvo más de una década; su último trabajo fue repartiendo sobres de un correo privado. Cuando cumplió 60 años se jubiló, pero eso no lo exime de seguir cumpliendo labores en un mundo que lo apasiona y al que ingresó casi que sin quererlo.

  • La llegada a la radio

Una tarde de 1971 el reconocido relator Gerardo Viña, hijo de don Pedro, estaba en la zapatería de su padre y le preguntó si le podía dar una mano en la radio para la cobertura desde las canchas. Ruben no tenía ni idea de medios de comunicación, pero fiel a su estilo de agarrar cualquier changa que arrimara algún peso aceptó sin dudar. Gerardo lo tranquilizó cuando le dijo que su hermano Danilo Viña -que era radioaficionado- lo ayudaría con los equipos de transmisión. Una radio spika fue su gran aliada en aquellas tardes de fútbol de la vieja CW 41 en las que se relataban los partidos del Departamental o en las clásicas noches estivales de campeonato del Sur.

Ruben comenzó informando desde las canchas, después hizo notas en la base de las transmisiones y por último fue designado a los vestuarios y al campo de juego, zonas que se convirtieron en el hábitat de este comunicador de décadas. Cuando otros colegas debían afrontar la hostilidad de algunas parcialidades producto de sus dichos y manifestaciones, “Chupete” era bienvenido en todos los escenarios y recurrentemente era invitado a tomar algún vinito en la sede de los clubes.

  • Pavada de equipo

Hay nombres y apellidos ligados a la radio que han quedado grabados en la memoria de los maragatos, con todos trabajó Ruben, ya que el equipo inicial del que fue parte lo conformaban: Gerardo Sánchez en estudio, Carlos Lacava, “Pedalito” en la locución comercial, Carlos “El Payador” Rodríguez en los relatos de Primera y Gerardo Viña en los de Tercera y juveniles mientras que Raúl César Araujo recién se iniciaba en los comentarios.

  • Consejos para los vestuaristas

En la actualidad, medio encorvado y cubriendo su calva cabeza con una boina, Ruben realiza la cobertura desde zona de vestuarios siendo parte del equipo deportivo de El Lugar FM, al que definió como “un grupo sano” y “sin maldad”.

Después de varias decenas de años en la actividad da a conocer su proceso de trabajo y da su visión de cómo debe comportarse el comunicador que se desempeña tanto en vestuarios como en la cancha.

Lo primero es tener la integración de cada equipo, con suplentes y cuerpo técnico ya que es inadmisible no tenerlas si el relator las solicita; para lograrlo llega mínimo una hora antes del pitazo inicial del partido que le toca cubrir.

También recomienda hablar con los técnicos, preguntarles cómo planificaron la semana, con quién entrenaron y qué táctica van a desplegar en la cancha en función del rival de turno, siempre y cuando el diálogo pueda ser entablado, dado que hay que ser sumamente respetuoso y no invadir espacios ni interrumpir la labor de los estrategas y jugadores.

Indica también que llamar a los deportistas por el nombre es clave para ganarse su confianza, si no quieren hablar “ahí queda la cosa, no hay lío”.

Otro momento que Ruben considera clave y digno de transmitir es el sorteo, para eso, como una mosca, pone el celular entre los capitanes y jueces y registra cada palabra de los referentes del match que se está por iniciar. “Son fracciones de segundo”, dice al tiempo que aclara: “no hay que demorarse en abandonar el campo de juego porque quedaría muy mal que el juez le diga: ´¿Che Ruben, terminaste de hacer la nota?´”.

  • Por qué le dicen “De los Milagros” y “Chupete”

Los dos apodos son obra de Gerardo Viña. El primero nació una tarde de campeonato del Sur que debían transmitir desde el estadio Silvestre Octavio Landoni de la ciudad de Durazno que aún se encontraba en fase de construcción. Los equipos para realizar la transmisión funcionaban a batería y energía eléctrica, servicio con el que todavía no contaban las cabinas del escenario duraznense. Probaron de “mil maneras” según nos relató Ruben, pero no había forma de hacerlos funcionar. Para colmo no habían llevado batería y usar la del auto no era posible dado que no tendrían en que regresar después. En determinado momento Miranda abandonó la cabina y salió del estadio, cruzó la calle y le pidió a un caminero que tomaba mate en una plazoleta si le podía prestar la batería del camión para transmitir. El hombre, sorprendido por lo insólito de la solicitud, aceptó gustoso.

Subir la batería a la cabina fue lo más sacrificado, pero se logró y finalmente la audiencia de la 41 en San José recibió toda la información de manera óptima. Ese día el relator Gerardo Viña lo bautizó como Ruben “de los Milagros” Miranda.

“Chupete” nació en una escena mucho más doméstica y fue más por una ocurrencia de doña Sara, madre de Gerardo Viña. Resulta que en las mañanas Ruben trabajaba en la zapatería de don Pedro y por las tardes lo hacía en la casa de éste. Era común que Sara les dejara a los muchachos alguna torta o picadillos de alguna fiesta. Un día llegó con bizcochuelo, Ruben lo aceptó, agradeció y agregó descaradamente: “Si tenés algo para tomar tráelo también”, recibiendo por respuesta de una extrañada dueña de casa: “¡Pero sos un chupete bárbaro vos!”. De ahí en más vino una gran carcajada de Gerardo Viña que reprodujo el apelativo “Chupete” lo más que pudo en el ambiente de los medios logrando así que también por este apodo sea muy conocido el vestuarista.

Ruben Miranda

  • Cómo tener una buena selección de San José

La falta de infraestructura en muchas canchas tanto para los jugadores como para los trabajadores de los medios de comunicación es una de las mayores dificultades que detecta Ruben al hablar de la realidad del fútbol local. En tal sentido dice que “hay canchas en las que tenés que transmitir desde un terraplén, algunos nunca se han preocupado por tener algo así como una cabina para poder transmitir”.

Refiriéndose a la selección entiende conveniente que se conforme una comisión en la Liga Mayor de Fútbol que esté abocada todo el año a ese tema, recorriendo las canchas y captando a los jugadores más talentosos del departamento. Está convencido que todo radica en la parte económica, los jugadores deben ser motivados para que vengan a jugar y que no suceda lo de los últimos procesos en los que -casi- han renunciado planteles enteros.

Recuerda que para él “la última gran selección la hizo Juan Chiruchi cuando la Intendencia bancó todo, ese fue el último gran proceso, fue campeona del Interior, se jugaba siempre a estadio lleno, vos ganabas y la gente acompañaba” mientras que “en los últimos dos partidos de la selección no se vendieron ni 500 entradas, no se le podía pagar ni 350 pesos a cada jugador, ¡Una vergüenza!”.

Ruben remata con contundencia: “es un desastre total, hace 10 años que no figuramos en nada y no puede ser cuando tenemos grandes equipos con los que se puede armar una selección de novela”.

Mientras tanto los hinchas de “la blanca” maragata siguen esperando, sin perder la esperanza, sabiendo que si Ruben Miranda anda por los vestuarios, el milagro en cualquier momento puede suceder.

*Por César Reyes

*Fotos: José Gutiérrez