Lectura

El niño de la Jefatura de San José

Imagen ilustrativa

Esta historia está basada en un testimonio real.

Aquel mes de julio del año 2013 no distaba mucho de cualquier mes de julio normal; llovizna pertinaz, frío y niebla, eran cosa de casi todos los días. En ocasiones se venían vendavales importantes y, casi de milagro asomaban con el sol un par de días lindos que eran aprovechados al máximo por quienes debían realizar tareas al aire libre.

Días que invitan más a quedarse encerrado en la casa acostado calentito mirando la tele. Desde siempre, preparar comidas de olla, comer tortas fritas o un chocolate caliente parecen planes más propicios para este mes, pero como la mayoría, la oficial Alba (nombre ficticio) tenía que trabajar.

Ella pertenecía al minoritario índice de trabajadores que cumplían labores en horas de la noche y la madrugada. ¿Dónde? En la Jefatura de Policía de San José de Mayo, ubicada en calle Artigas y Bengoa, en el corazón de la ciudad.

Como cualquier otro día Alba preparó su mochila, se puso el uniforme, se cercioró entre otras cosas que en el bolsillo estaban sus llaves y la caja de cigarrillos, compañeros infalibles para acortar veladas si es que se tiene el vicio adquirido.

Hasta ahí todo normal, como cualquier jornada rutinaria; lo que Alba ni imaginaba era que la noche que iniciaba sería inolvidable para ella, pues le tocaría vivir en el lugar menos pensado, una experiencia que aún hoy -pasados varios años- al contarla, le pone la piel de gallina.

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