Lectura

El amorfo de las playas del Río de la Plata

Un enero a inicios de los 90´, Javier y sus amigos se encontraban en playa Fomento, ubicada en el departamento de Colonia, a pocos kilómetros con el límite con San José.

Le habían alquilado una casita con dos dormitorios a un comerciante de San José de Mayo, y si bien eran como ocho más las visitas ocasionales que solían recibir, se las ingeniaban para entrar todos y pasarla “de fiesta”, como ellos mismos decían. El simple hecho de no acampar en carpa como lo venían haciendo hasta antes de ese verano ya era todo un avance.

La mayor parte del día, cuando el sol caía a plomo dormían, recuperándose así de la borrachera de la noche anterior.

Tomaban mucha cerveza y vino, esta última bebida servida en botellas plásticas de dos litros cortadas en la parte superior, con mucho hielo en su interior. La comida no era problema, casi siempre los salvaba el arroz blanco con atún y mayonesa. Con suerte algunas veces picaban un par de tomates y una lechuga.

Si bien todas las noches eran divertidas en extremo, esperaban con ansias las de los viernes y sábados, cuando había unos cuantos bailes en cada una de las playas de la zona y era una buena oportunidad de concretar algún amor de verano. Esos días ganar turno para la ducha era una odisea. Todos querían entrar primero.

Ese año el local que registraba más movimiento era un parador que se encontraba en la playa Blancarena, ubicada unos cuantos kilómetros al oeste de Fomento. Todos los jóvenes se movilizaban hasta ese lugar. Desde playa Los Pinos pasando por todas las que quedan yendo rumbo a Colonia. Es más, había quienes aun estando en playas del departamento de San José como Boca del Cufré o Kiyú llegaban hasta ese parador en busca de diversión nocturna.

Lo que les pasaría ese verano, los removería de por vida…

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