Lectura

Los niños del hospital

Aquella tardecita de invierno cuando en el Club San José el cirujano Ricaurte le contó esta historia a sus compañeros de copas, seguramente nunca imaginó que algún día ésta sería contada en un blog.

Para mi suerte, uno de esos compañeros -también médico- se vio en la necesidad de desahogarse con alguien ante una situación que le tocó vivir en su ámbito laboral, y no tuvo mejor idea que hacerlo en un grupo donde había varios a los que pese a haberles pedido casi implorando que no contaran nada de lo que él dijera, ya han desparramado la historia con lujos de detalles en cuanta ocasión se les ha presentado; hoy la reproducimos en semecanta.com y creer lo que en ella se detalla queda a voluntad del lector. Los nombres han sido cambiados.

Aquella tarde de inicios de los 80´ la llovizna molestaba más de lo que mojaba. Por lo enormes ventanales del club se podía ver la plaza de los Treinta y Tres Orientales, la principal de la ciudad de San José de Mayo, los plátanos desnudos tenían sus ramas grises crispadas, como dedos reumáticos que buscaban tocar el cielo que con el paso de los minutos se iba poniendo oscuro. A uno de los lados cruzando la calle se veía al cura de la Basílica Catedral despidiendo a los feligreses que habían asistido a la última misa del día; en el otro extremo el foco rojo y cuadrado en la parte superior del teatro Macció anunciaba que en la noche que se iniciaba se desarrollaría alguna función.

Ricaurte fue el último en llegar…

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