Lectura

Abel Soria te pone en tu lugar

El sol de las dos de la tarde de finales de diciembre había hecho que el centro de San José de Mayo quedara casi desierto.

En esa época del año, pleno verano, el cemento de las calles, que de por sí son angostas y asfixiantes, hacen una especie de efecto espejo que encandila a los peatones que, como yo, no tienen otra que patearlas en horas impropias.

Por tratarse de una ciudad pequeña todo está relativamente cerca. Una vez un amigo me dijo: “César, en San José vivimos en ocho cuadras a la redonda”.

Al principio me reí pensando que estaba siendo irónico al extremo, pero después, viéndolo fríamente, me angustié al darme cuenta que tenía razón.

En las ciudades de Uruguay que no son Montevideo es como que los habitantes giramos alrededor de la plaza principal, así como hacen los planetas entorno al sol. Ahí está casi todo, el resto de los lugares donde la gente “hace cosas” como trámites, pagos, cobros, está a dos cuadras de la plaza.

Me preguntaba cómo podía, cuando era niño, pensar que mi ciudad era tan inmensa si en realidad es una cosita de morondanga.

Precisamente esa tarde de diciembre yo tenía que cerrar un negocio con una empresa de San José y luego de eso me harían una entrevista en una radio local. Después de despedirme de los empresarios encaminé mis pasos rumbo a la emisora, pero al mirar el reloj me di cuenta que todavía faltaban unos cuarenta minutos para que comenzara la entrevista.

Mi cabeza hervía por el calor y empecé a considerar mis opciones; podía entrar a la radio y hacer tiempo; ir a un bar -pero eso es un peligro antes de que te hagan una entrevista- o entrar a la zapatería de Gerardo Viña, que debe ser el lugar donde se generan las conversaciones más polémicas de política y fútbol de todo San José.

Todas las opciones consideradas estaban a una cuadra de la plaza principal. Finalmente opté por ampliar mi campo visual y salir un poco más allá, extendí mi área de alternativas a dos cuadras de la plaza y ahí recordé que tenía una materia pendiente de mis anteriores visitas a San José: ir a lo de Abel Soria…

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