Lectura

[LECTURA] Los vecinitos

Con 23 años recién cumplidos Pablo por fin podía concretar el sueño de abrirse de la casa de sus padres y pasar a alquilar algo para él solo. Si bien desde la adolescencia contaba con una piecita en el fondo, donde tenía su cama y el resto de sus cosas, no se sentía con la independencia necesaria para su edad actual, donde las nuevas amistades y “visitas” de una noche pasaban a ser recurrentes.

Fue así que apenas quedó fijo en la empresa donde trabajaba por las noches en San José de Mayo, lo primero que hizo fue buscar un lugar para irse a vivir solo. En un folletito alargado de colores blanco y verde que estaba en una pila de ejemplares idénticos sobre el mostrador de la panadería del barrio, fue que vio el aviso de una inmobiliaria anunciando el alquiler de un apartamentito “ideal para una pareja o persona sola”.

Llamó a la inmobiliaria, visitó el apartamento en cuestión -que queda en uno de los pocos edificios verticales que existen en la capital maragata- y horas después estaba en la escribanía firmando el contrato de alquiler.

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