Lectura

[LECTURA] El extraño de San José

En la primera cita con la psicóloga las manos de Gerardo parecían una batidora frotándose entre sí y casi chorreaban agua por la transpiración nacida del nerviosismo. Con sus 31 años le daba mucha vergüenza contar aquello y encima a una mujer. Tenía la certeza de que loco no estaba, porque así se lo habían confirmado casi entre risas los dos psiquiatras que por cuenta propia consultó temiendo haberse rayado. Fueron ellos los que le sugirieron bajar el estrés y, como alternativa, visitar a un psicólogo. Lo primero que le contó a la profesional, fue que hacía un tiempo atrás, mientras con su mujer y su hijito Miguel miraban el desfile de carnaval parados en la esquina de las calles Batlle y Ordoñez y Artigas, en pleno centro de San José de Mayo, tuvo esa sensación rara que da cuando sentimos “que nos llaman con la mirada”…

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*Foto: Martín Otero