Lectura

Milagros en la vieja Cárcel de San José

La vieja cárcel de San José está ubicada en la intersección de las calles Ciganda -donde está la puerta principal- y Artigas, en pleno centro, a media cuadra de la plaza principal.

Sus gruesas paredes grises, las rejas negras de las ventanas y los portones del ingreso, conforman una imagen típica que un maragato reconocería en cualquier lugar del mundo.

Estuvo operativa hasta el 29 de abril del año 2009. En esa fecha había 103 reclusos, cuando su capacidad al momento de ser construida –más de 100 años atrás- era de tan solo 30 reclusos.

Ese día, apenas despuntó el sol, una caravana de micros repletos de presos partió rumbo a la “cárcel nueva” que se construyó en la zona de Juan Soler, en el campo, a 10 kilómetros de la ciudad.

Pese a que ya no había habitantes, el hacinamiento de 103 cuerpos humanos había dejado rastros evidentes que perduraron durante varios días dentro de la cárcel. Un olor nauseabundo, orina en botellas de plástico y posters con mujeres desnudas en medio de un ambiente lúgubre, conformaban un hábitat totalmente antihumano que parecía darle la razón a todos aquellos que sostienen que las cárceles son un infierno.

“El Gitano”, como miles de presos a lo largo de la historia de la cárcel, había llegado a ella por cometer una rapiña. Una más en su largo historial delictivo. Detenido en la comisaría había estado muchas veces, pero nunca preso. Nunca hasta ese mes de marzo del año 1998.

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